Recupera la chispa en el aquí y el ahora.

Por: Sofía Triviño.
Hablamos de cómo el burnout hace estragos en nuestro bienestar. No solo merma profundamente nuestra energía, sino que nubla nuestra mente, impidiéndonos alcanzar claridad y saboteando directamente nuestra salud sexual en pareja. Esa sensación abrumadora de «demasiado agotador para intentarlo» se instala en cada rincón de nuestro dormitorio, transformándonos en extraños. El deseo se distorsiona, y el placer, que debería ser una fuente de conexión, se convierte en una tarea más en nuestra lista diaria de pendientes.
La buena noticia es que, aunque el camino del burnout se vea abrumador, no es imposible de superar. La clave reside, en una palabra: lentitud. Ir despacio es esencial para volver a conectar con nosotros mismos y con nuestra pareja. Pensemos en la metáfora de la colmena: cuando una abeja está exhausta, el sistema completo tiene mecanismos para manejarlo. Hay división de tareas, flexibilidad y espacios para el descanso. Una abeja no se sacrifica por su colmena; al contrario, se apoya en ella para recuperar fuerzas y asegurar el bienestar colectivo.
Ahora, la pregunta crucial es: ¿cómo puedes apoyar a tu pareja en este proceso? La respuesta reside en una poderosa acción: estar presente. Volver al aquí y el ahora es vital para reconstruir el puente de la intimidad. Como ya mencionamos, la intimidad sexual se sostiene sobre pilares esenciales: conexión, placer compartido, deseo y libertad. Si el burnout ha erosionado estos cimientos, debemos reconstruirlos uno a uno, y el primero, el más vital, es la conexión. Por ahí es donde vamos a empezar.
Redefinir la conexión
Para redefinir la conexión, vamos a trabajar en expandir nuestra comprensión de la intimidad más allá de la esfera sexual. Quizás te preguntes qué tiene que ver una cosa con la otra, pero la verdad es que tienen todo que ver. Cuando nutrimos la relación desde una perspectiva más amplia, entendemos que es algo mucho más profundo y que abraza diferentes dimensiones de nuestro ser y de la interacción con nuestra pareja.
Escuchar, empatizar, validar y ser vulnerables son pilares fundamentales que nos guiarán en este proceso. Cuando logramos compartir libremente cómo nos sentimos, qué pensamos y cuáles son nuestros miedos —sin temor a juicios—, creamos un entorno de seguridad que, por sí mismo, redefine la conexión. Es una diferencia abismal para la pareja cuando la comunicación se convierte en el puente que guía sus acciones. Esto les permite expresar su percepción de las cosas, facilitando que el otro realmente comprenda su punto de vista. Este nivel de conversación profunda no surge de la nada; para alcanzarlo, es esencial explorar esas otras esferas de tu pareja que a menudo pasamos por alto.
Para conocer esas otras esferas de tu pareja, para descubrir sus pasiones ocultas, sus sueños más profundos y los logros que anhela, se requiere algo más que palabras. Implica una verdadera inversión en tiempo de calidad y la búsqueda de actividades placenteras que los fortalezcan como equipo. Esto es lo que llamamos intimidad física no sexual, donde el contacto y la cercanía caminan de la mano con la exploración mutua.
Ahora, detente un momento y pregúntate: ¿cuándo fue la última vez que realmente tocaste a tu pareja? Me refiero a tomarle la mano con intención, sentir la suavidad de su piel, percibir su aroma único, o sentir el calor de su cuerpo y su temperatura.
Como ejercicio complementario a esta lectura y para empezar a despertar esa cercanía, te propongo lo siguiente: elijan un día de la semana y dediquen unos minutos para estar el uno con el otro. Abrácense, tómense de la mano, caminen juntos, o háganse un masaje corporal suave. Lo crucial es que sea sin distracciones: los teléfonos permanecerán guardados y la televisión apagada. Este tiempo es solo de ustedes dos. Disfruten plenamente de estar juntos, de escucharse, de admirarse y de verse de verdad, pero sin la presión de que el contacto deba llevar al sexo. Nos vemos en el siguiente capítulo.